Sunday, June 21, 2020

Wraps de camarón por el Día del Padre

Si hiciera una lista de los peores días de mi vida, muchos de ellos incluirían varios Días del Padre a través de los años.  Durante esa celebración viví cosas que hasta el día de hoy me sacan las lágrimas.  Algunos de los dolores más profundos y de las heridas que todavía faltan sanar sucedieron en esa fecha especial.  Muchos pasamos este día con la realidad de tener un padre terrenal ausente o que, cuando aparece, solo es para traer tristezas.  ¡Pero tenemos un Padre celestial que siempre está presente y que nos ama con el amor más grande que existe!

Pero tú no estás aquí para esto, ¿verdad?   ¡Quieres la receta de los wraps de camarones!  Sí, ya la escribo a continuación, pero antes quería contarte por qué para mí es tan importante la verdad que Dios es mi Padre.  El Salmo 68:5 dice:

Salmos 68:5 Nueva Biblia de las Américas (NBLA)

Padre de los huérfanos y defensor de las viudas
Es Dios en Su santa morada.


Pero sinceramente me encanta cómo se oye el versículo en inglés:


Psalm 68:5 English Standard Version (ESV)

Father of the fatherless and protector of widows
    is God in his holy habitation.


Dios es Padre de los “sin-padre”.  Al pensar en “padre de huérfanos”, a veces podemos sentir que eso no se aplica a quienes teníamos un padre vivo pero ausente.  Pero “Father to the fatherless” amplía un poco el sentido: Dios es padre de quienes no tienen a sus papás terrenales cerca.  Me encanta lo que el salmista dice en el versículo 6a:

Salmos 68:6 Nueva Biblia de las Américas (NBLA)

6   
Dios prepara un hogar para los solitarios. 


¡Qué hermosa promesa!

¿No conoces a Dios como tu Padre?  La Biblia dice que a todos quienes Lo reciben, a los que creen en Su nombre, Él les da el derecho de ser hijos de Dios (Juan 1:12).  Cuando pones tu confianza en Jesús, confiesas con tu boca que Él es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos (Romanos 10:9-10), Él te adopta como Su hijo o Su hija (Efesios 1:5; Gálatas 4:5).  ¡Y cuán gran amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios! (1 Juan 3:1).

Dios es un Padre bondadoso (Salmo 103:13) que nos da toda buena dádiva y todo don perfecto (Santiago 1:17).  Nuestro Padre celestial nos disciplina en amor para nuestro bien (Hebreos 12:5-10) y siempre nos recibe de regreso con los brazos abiertos cuando hemos pecado contra Él (Lucas 15:11-32).  Tal vez tu papá terrenal falló y sigue fallando, pero Dios jamás se olvidará de ti (Salmo 27:10; Isaías 49:15).

Abrázate hoy mismo de tu Padre Celestial, al cual puedes llegar por medio de Jesucristo, gracias a lo que Él hizo por ti al morir en la cruz y resucitar (Juan 14:6).

Y ahora sí, a preparar una rica comidita para celebrar.


WRAPS DE CAMARONES CON AGUACATE
(Para 4 personas)

Ingredientes
500 gr. de camarones pelados y desvenados
2 tazas de espinaca picada
2 aguacates
2 tomates
1 cucharada de mantequilla
2 dientes de ajo machacados
1 limón grande o dos pequeños
Sal al gusto
Tortillas de trigo para wraps

Preparación

1.       En una sartén derrite la mantequilla y agrega el ajo.  Fríe unos 45 segundos y añade los camarones.  Condiméntalos con sal.  Dales la vuelta para que se doren de los dos lados.
2.       Cuando los camarones estén rosaditos, pon la espinaca en la sartén.  Cuece hasta que las hojas estén suaves, removiendo frecuentemente. 
3.       Apaga la sartén y espera que se enfríe un poco.
4.       Pica los tomates y el aguacate en cuadritos.  En un tazón, mézclalos y agrega el limón.  Sazona con sal a tu gusto.
5.       Añade los camarones con espinacas al tazón y revuelve con los aguacates y tomates.
      6.       Pon la mezcla en una tortilla de trigo, envuelve, ¡y disfruta!



Tuesday, June 16, 2020

100 días sin iglesia


Hoy se cumplen 100 días desde la última vez que tuve la dicha de congregarme.  Recuerdo tan vívidamente ese día: la sensación extraña de las nubes negras que se vislumbraban en el horizonte, la alegría de servir, el gozo desbordante por tener a mis dos sobrinas sentadas conmigo mientras pasaba las diapositivas con las letras de las canciones, la emoción de oírlas cantar…  Este tiempo de cuarentena ha traído grandes desafíos y tristezas.  En mi caso, una de las tristezas más grandes ha sido no poder ir a la iglesia.  Ya pasaron 100 días y parece que tendrán que pasar 100 más.

Han sido 100 días en los que me ha costado comprender el mundo que me rodea.  Mi mente no asimila ciertas realidades, pero debo confesar que una de las que más me ha desconcertado es observar por redes sociales distintas publicaciones de diferentes personas en varios países, que he conocido en diversas etapas de mi vida, con un tema en común: “El covid-19 ha demostrado que congregarse en los templos no ha sido necesario para ser cristianos”.

Antes de seguir, quisiera hacer un “disclaimer”: No es mi intención defender “el templo”.  Mi iglesia (La Fuente) ni siquiera tiene un templo.  Nos hemos reunido en casas, en un boliche/discoteca, en un edificio del gobierno, en el auditorio de un instituto y hasta en un parque.  Actualmente alquilamos las instalaciones de otra iglesia y tenemos nuestra celebración por las tardes.  No se trata de que exista un lugar “sagrado” que sea la “casa de Dios”.  He observado de primera mano el culto al templo (literalmente al edificio) y estoy de acuerdo en que un templo no es iglesia.

En la Biblia vemos que la Iglesia es la reunión de creyentes, salvados, redimidos, nacidos de nuevo por el llamamiento de Dios Padre, mediante la obra de Jesucristo en la cruz y con el sello del Espíritu Santo.  Es verdad que Cristo mismo indicó que Él es “uno mayor que el templo” (Mateo 12:6).  Ahora el cristiano individualmente es “templo” del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16; 6:19; 2 Corintios 6:16).  Pero no olvidemos que la Palabra también dice que somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22).  Es decir, somos iglesias juntos, no cada uno por su cuenta.  Ninguna de las enseñanzas de Jesús sobre la Iglesia o sobre el Reino hablan de una persona en solitario.

Ahora bien, explicar todo lo que implica “ser iglesia” quedará para otra entrada (si algún día me siento lo suficientemente valiente, ja, ja), pero hoy solo quiero explicar las razones por las que no es lo mismo tener reuniones por Zoom, Meet, Whatsapp (o tu plataforma favorita).  En mi opinión, la Iglesia de Cristo está pasando por una prueba al no poder congregarse.  Y tal vez hoy me siento sentimental, pero mi propósito con estas líneas es dejar plasmadas las razones por las que extraño tanto mi iglesia.

1.       Extraño poder aprender juntos la Palabra de Dios.  Estoy agradecida por la tecnología y el que podamos recibir las prédicas y hasta clases por plataformas digitales, pero no es lo mismo estar sentados juntos, quizá hacer una broma por ahí y después comentar en grupos de tres, cuatro o cinco sobre lo que hemos aprendido. 


2.       Recuerdo con nostalgia cuando salíamos de la celebración para ir a compartir un tiempo juntos y poner a trabajadores de restaurantes y cafeterías en aprietos porque les hacíamos armar una mesa para 20 (o más... no estoy exagerando).  Y no, no queríamos estar en mesas distintas.  Es verdad, no es funcional, no puedes platicar con todos en una mesa de 20, pero queríamos estar así, pegaditos y apapachados, porque el Señor nos ha dado tanto amor unos por otros.


3.       Me hace tanta falta pasar tiempo de calidad con otros para construir relaciones enfocadas en el evangelio.  Quizá se pueda discipular por Skype, pero nada equipara el deleite de cocinar con otros, de “vivir la vida normal” juntos, de divertirnos con juegos de mesa o incluso lanzarnos de la resbaladera roja del Mr. Joy para después comer postre y sentarnos a hablar de Jesús.


4.  ¡Cuánto anhela mi alma que podamos volver a cantar todos juntos!  La primera vez que tuvimos un tiempo de alabanza en las transmisiones por internet de la celebración, se me salieron las lágrimas.  Es hermoso el esfuerzo que realizan los hermanos de la adoración para darnos ese tiempo de cantar al Señor, pero sin duda me hace falta la mezcla de todas las voces, las armonías y hasta los gallos y los aplausos a destiempo.  Tal vez soy un poco mística en este aspecto, pero sí tengo la convicción de que sucede algo poderoso cuando los hijos de Dios elevan sus voces juntos al Creador.


5.       Pienso con nostalgia en las travesuras que hacíamos en conjunto.  ¡Cómo me llena el corazón reírme a carcajadas con mi familia en Cristo! 


6.       Se me hace chiquito el corazón cuando me vienen a la mente los momentos con la comunidad (grupo pequeño), siempre con comida riquísima para el cuerpo y para el espíritu. 


7.       Me da nostalgia recordar todo el trabajo que hicimos juntos para el avance del evangelio.  Aunque somos una iglesia pequeña, nos hemos aventurado a conferencias, capacitaciones y otras actividades edificantes.  Ahí hemos estado siempre metidos para apoyar según nuestros dones, como un solo cuerpo.


Es que eso somos.  Somos el cuerpo de Cristo.  Con razón siento que me falta un brazo o una pierna, quizá porque es al revés: soy un ojo o un dedo ahí botado sin el resto de sus miembros.  Gloria a Dios por las formas creativas en las que hemos podido seguir aprendiendo la Palabra juntos, a pesar de la distancia.  El Señor nos ha bañado de Su misericordia al darnos una familia en la que seguimos buscando la manera de apoyarnos unos a otros “con plata y persona”.  Y no, mi iglesia no es perfecta ni la idealizo.  No siempre me caen bien y yo no siempre les caigo bien tampoco.  Les he herido y me han herido.  Pero así son las familias, ¿no?

Como dije anteriormente, yo creo que este es un tiempo de prueba para la iglesia.  Quisiera animarte a orar para que salgamos refinados como el oro de este fuego (1 Pedro 1:6-7) y también para que esta aflicción llegue a su fin y que nuevamente podamos estar juntos. 


Para terminar, quisiera dejar estos versículos de Hebreos 10, no como un cliché, sino como un bello recordatorio del porqué nos reunimos y por qué Dios no nos ha llamado a ser salvos en solitario.  Que nuestro Señor venga pronto y que, cuando regrese, nos encuentre juntitos.

Hebreos 10:23-25 Nueva Biblia de las Américas (NBLA)

23 Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió. 24 Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.








Wednesday, June 10, 2020

Quisiera confiar en Dios - Una reflexión en el Salmo 13


“Quisiera confiar en Dios, pero mi mundo se derrumba”.  Esas palabras han salido de mi boca varias veces en estas últimas semanas.  Deseo enfocarme en el sol, contar mis bendiciones, pero las nubes negras opacan mi paisaje.  ¿Te identificas?  Sin duda, como a mí, la cuarentena ha afectado tu trabajo, te ha aislado de personas que amas, impide que recargues tus baterías al adorar con los hermanos de la iglesia o ha puesto a un alto a actividades que alegraban tu corazón y te daban significado. 

¿Te cuestionas dónde está Dios?  Si lees el Salmo 13, vas a ver que David se hacía la misma pregunta.  


13 ¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?
¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma,
Teniendo pesar en mi corazón todo el día?
¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?
Considera y respóndeme, oh Señor, Dios mío;
Ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte;
No sea que mi enemigo diga: «Lo he vencido»;
Y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido.

Pero yo en Tu misericordia he confiado;
Mi corazón se regocijará en Tu salvación.
Cantaré al Señor,
Porque me ha llenado de bienes.


Su desesperación es evidente en esas líneas.  Pero ¿qué podemos aprender de David en estos momentos de angustia?

1.       Reconoce lo que sientes y llévalo delante de Dios (v. 1)
David tiene toda la confianza para clamar al Señor y confesarle que se siente abandonado.  Sus circunstancias le hacen creer que Dios está ausente y el salmista abre su corazón y le dice: “Así me siento”.  Hebreos 4:16 dice que podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia porque nuestro Señor Jesucristo conoce nuestras tentaciones, pruebas y dolores.

2.       No escuches a tu corazón, sino háblale a tu corazón con la verdad (v. 2)
David sabe que no puede seguir tomando los consejos de su alma.  Nuestro corazón es engañoso (17:9) y se fía de las mentiras para hacerte creer en ellas.  ¿Recuerdas que la serpiente en Génesis 3 le hizo creer a Eva que Dios no era tan bueno como decía?  En el Salmo 42, David dos veces se habla a sí mismo y dice: “¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez”.  ¿Con qué palabras debes hablarle a tu corazón?  La Biblia está llena de maravillosas promesas hechas por un Dios fiel (Hebreos 10:23) que no miente (Números 23:19).


3.       Ora (vv. 3-4)
Después del reclamo, David acude con sus peticiones a Dios.  Él conoce a su Dios y sabe que responde las oraciones (Salmos 34:4-6; 116:1-2), aunque quizá no siempre lo haga como esperamos (2 Corintios 10:8-9), pero siempre nos dará lo que Él, en su sabiduría, considera que es mejor.  Se vale orar para pedir más fe (Marcos 9:24).  En 1 Tesalonicenses 5:17 leemos que debemos sin cesar.  En Filipenses (la carta del gozo), Dios nos manda a no estar a no estar afanosos, sino a presentar nuestras peticiones con oración y súplica.  El versículo 6 de Filipenses 4 también nos instruye que demos gracias, lo cual nos lleva al siguiente punto.

4.       Da gracias y espera (vv. 5-6)
El salmista descansa en la respuesta que Dios traerá y, en lugar de hundirse en su angustia, se enfoca en todas las bendiciones que el Señor le ha dado.  Dios ha mostrado Su misericordia en la vida de David, por lo tanto, su corazón puede alegrarse en Él.  David sabe que verá actuar a su Señor (Salmo 27:13-14), hasta el punto de poder cerrar sus ojos y dormir en paz (Salmos 3:5; 4:8).

La prueba del covid-19 es algo que aflige a todo el mundo, pero ¿cuál es la verdad?  Aunque la creación gime “con dolores de parto”, el sufrimiento de ahora no tiene punto de comparación con la gloria que Dios nos dará cuando Cristo venga.  En Él tenemos esperanza segura (Romanos 8:18-15).  Aunque por el momento no lo parezca, esta es una aflicción leve y pasajera que produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación (2 Corintios 4:16-18).  Dios tiene cuidado de ti, le importas.  Al igual que tú y que yo, ahora mismo nuestros hermanos están sufriendo en todo el mundo.  Estamos juntos en esta aflicción, pero después de un poco de tiempo, el Señor nos perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá (1 Pedro 5:6-11). 

¡Confía!