Tuesday, July 4, 2017

Mi pastel (cobbler) favorito de duraznos

Desde mi adolescencia, incluso antes de entender el significado de la Cruz y de verdaderamente conocer a Jesús, sabía que mi vida estaba apartada para servir al Señor.  Todavía coqueteaba con el budismo y con la nueva era, pero mi mayor deseo era estudiar en un seminario teológico.  Aunque para mí la Biblia era un libro más, algo en mi interior me llevaba hacia el estudio de esas maravillosas Escrituras.  Han pasado más de 20 años desde ese día en que una adolescente confundida clamó al cielo, con lágrimas, rogando por un propósito para su vida, más allá de vivir para hacer dinero.  Todavía no lo conocía, pero sabía que quería vivir para Él.

Dios escuchó ese clamor, pero (como siempre) no de la manera que yo pensé.  Me imaginé ser misionera en alguna tierra lejana, maestra de griego, esposa de pastor...  ¡qué sé yo!  Cuando fui al seminario, me di cuenta de cuál era mi llamado: enseñar, capacitar a líderes para que no cometieran los mismos errores que yo había cometido.  En mi corazón ardía el fuego por enseñar a otros a estudiar bien la Biblia, para que no caigan en falsos evangelios por no saber cómo interpretarla.  

Cuando ya supe a qué quería entregar mi vida, lo último que se me ocurrió fue dedicarme a ser traductora e intérprete.  Llegué a esta profesión por "accidente" y creí que mi llamado a capacitar líderes había quedado atrás, junto con todos los sueños que se desvanecieron como castillos de arena.  No se me cruzó por la mente que Dios me pondría en el camino de un ministerio llamado Compassion Connection, cuyo propósito es precisamente CAPACITAR LÍDERES.




Ahí me tienen, traduciendo para Compassion Connection y capacitando líderes.  Dios nos dice en Su Palabra, en Isaías 55: 

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos,
ni vuestros caminos mis caminos —declara el Señor.
Porque como los cielos son más altos que la tierra,
así mis caminos son más altos que vuestros caminos,
y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Y fue precisamente mientras traducía en una de estas capacitaciones que me encontré con el cobbler de durazno más delicioso que he probado.  La receta me la dio Sandi Youngren, una artista en todo sentido, mi mentora, mi mamá espiritual y una de mis amigas más queridas.  Mientras preparas este delicioso cobbler, medita en las palabras de David en el Salmo 27:

Espera al Señor;
esfuérzate y aliéntese tu corazón.
Sí, espera al Señor.


Tal vez creas que tu llamado está estancado, o que Dios se olvidó de ti.  No es verdad.  Él obra en Su tiempo y hace todas las cosas perfectas.  Y, en el camino, hasta te permite saborear cuán bueno es Él con platos como este :) <3



PASTEL (Cobbler) DE MORAS (o duraznos) DE SANDI

Masa:
  • 4 cucharadas de mantequilla
  • 1 taza de azúcar
  • 1 huevo (yo suelo usar dos huevos porque aquí en EC los huevos son más pequeños que en EEUU)
Mezcle los ingredientes hasta lograr una crema y luego:
  • 1 taza de leche
  • 2 tazas de harina
  • 4 cucharaditas de polvo de hornear
  • 1 cucharadita de vainilla
  • 1 cucharadita de sal

Añadir a la mezcla cremosa para hacer la masa.  Luego verter la masa en un molde engrasado de 20 x 33 cm.

Mezcle por separado:

  • 2 tazas de moras (o duraznos)
  • 1 taza de azúcar
  • 1 taza de agua caliente


Poner las frutas sobre la masa y derramar el agua caliente sobre la masa que ya está en el molde.
Hornear a 180 grados (350 F) por 40 minutos.