El caminar con Jesús puede llegar a ser, al mismo tiempo, una relación amorosa y el ascenso a una montaña. Como dice una canción de Jars of Clay:
"You are the shelter from the rain and the rain to wash me away".
Él es el Cordero y el León. Él nos invita a entrar por una puerta estrecha y un camino angosto, pero su fin es de vida. En medio de las dificultades de seguir a Cristo con este cuerpo de carne, hay un versículo que siempre me levanta cuando estoy caída. Es una verdad y una promesa, que ha probado su certeza una y otra vez. El Salmo 34:8 dice así:
Probad y ved que el Señor es bueno.
¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia!
En español, el verbo "probar" tiene tantas acepciones, y lo primero que me viene a la mente es "comprobar". Sin embargo, en inglés, este versículo dice:
Oh, taste and see that the Lord is good!
Blessed is the man who takes refuge in him!
Taste... o sea, pruébalo, como cuando pruebas algo rico para comer. <3
Eso me llevó a orar de esta manera: "Señor, déjame 'taste you', probar lo dulce que eres, disfrutar de Tus amores como cuando como chocolate". La respuesta de Dios no fue lo que esperé. De pronto yo, feminista declarada, contraria a todo rol clásico de la mujer, peleada con la cocina y los quehaceres del hogar, de repente, comencé a sentir un disfrute y una pasión por preparar alimentos.
Sí, Dios me dio un nuevo amor: la cocina. Y cada plato delicioso que preparo me recuerda que, when I taste Him, I will see that the Lord is good!
Sé que me falta fidelidad y compromiso con este blog, pero últimamente he visto que tengo que poner por escrito las recetas que nacen de la creatividad, los antojos y, en ocasiones, la necesidad. (Créeme, las mejores recetas han salido de poner en ella plato lo único que tenía en la casa). La mente es frágil a los 37 años ;)
Y, al mismo tiempo que comparto deliciosas recetas con el mundo, espero también compartir deliciosas porciones de la Palabra de Dios y cómo las Escrituras me desafían, cambian, animan y corrigen.